Para Gabriel Gacia Marquez no habia otra forma de aprender a escribir que leyendo a grandes autores.

El autor de Cien a;os de Soledad, concedió en 1981, un año antes de que le otorgaran el Nobel de Literatura, una extensa entrevista a The Paris Review. En esta entrevista,  reveló algunos de sus secretos, como por ejemplo cómo encontró su estilo y su tono, y otros aspectos más técnicos de su profesión.

Una lección magistral que podemos extraer del periodista, revolucionario y guionista de televisión de escritura son los siguientes consejos que nos deja para escribir.

 

1.  Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.

2. Un escritor puede escribir lo que le de la gana siempre que sea capaz de hacerlo creer.

3. No creo en el mito romántico de que el escritor debe pasar hambre, debe estar jodido, para producir.

4. Es más fácil atrapar a un conejo que a un lector.

5. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.

6. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.

7. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.

8. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.

9. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.

10. Se escribe mejor habiendo comido bien y con una máquina eléctrica.

11. El deber revolucionario de un escritor es escribir bien.

12. Simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros

13. Casi siempre que se eluden los adverbios acabados en mente se encuentran formas bellas y originales de decir las cosas.

14. Para ser un buen escritor es importante leer mucho, del derecho y del revés a los grandes autores que han creado y alimentado nuestra lengua y a aquellos que siguen inventándola cada día. No hay otra manera de aprender a escribir.

15. El oficio de escritor es tal vez el único que se hace más difícil a medida que más se practica

16.  Dicen que hay que empezar, y escribir, y escribir, hasta que de pronto uno siente que las cosas salen solas, como si alguien te las dictara al oído, o como si el que las escribe fuera otro.