Hoy os recomendamos un estreno de cine: En la playa de Chesil. Una película que trata sobre la noche de bodas de unos recién casados, Florence y Edward, en la arcaica Gran Bretaña de 1955.

Dos personas entre las que, a lo largo de la película, irán haciendo mella sus diferencias y distanciándolas, paradójicamente, en un pequeño espacio. Ella es violinista y pertenece a la alta sociedad, él, estudiante e hijo de maestro. Ambos son victimas de los tabúes e historias que giran entorno a la noche de bodas. Si tan solo hubieran esperado cinco años más habrían disfrutado de los «Swinging Sixties«, la revolución cultural que surgió en el país tras la Segunda Guerra Mundial.

 

En este caso la curiosidad que queremos compartir con vosotros no es esta película en si, sino el hecho de que su propio autor haya sido el responsable de adaptarla a la gran pantalla. Como ya hizo anteriormente, con La ley del menor, el propio Ian McEwan es el guionista de esta maravillosa película. Es conocido el rechazo que muestran normalmente los escritores por ver personificados a los protagonistas de sus obras, lo cual es comprensible ya que la imaginación de cada lector es muy distinta y difícil de unificar. Autores de novelas como Forrest Gump, El resplandor o La naranja mecánica han mostrado públicamente su descontento. Existen casos, como el de la saga Crepúsculo, en los que los personajes eran descritos con características casi imposibles de encontrar en un actor, como una extrema palidez o rasgos angelicales. Lo que a la hora de llevar al cine imaginamos debió de dificultar el casting.

En este caso el propio McEwan adaptó el guión en el 2010 y estuvo varios años contactando con directores hasta dar con uno interesado. Fue Dominic Cooke, quien no dudo en contar con Saonine Ronan para el papel de Florence (quien ya había participado en otra adaptación del autor- Expiación).